diumenge, 16 de novembre del 2008

ÉGLOGA






ÉGLOGA



Vente, mi dulce niña, mi gitanilla, vente
donde todo florece, donde la luna duerme,
donde el amor despierta, y el corazón se mece
al murmullo de abetos allá donde, en pendiente
hacia el brillante espejo, el prado amable extiende
sus sábanas de un verde que la esmeralda enciende.

Vente, mi amor, tus besos, mis manos en tus senos,
mis temblorosas manos buscando tu deseo,
mi corazón muy dentro, a flor de piel latiendo.

Vente, mi gitanilla, dame lo que más quiero,
lo que tus ojos sueñan, tus ojos entreabiertos,
aquellos que me abrasan, velados y secretos
donde el amor se oculta allí dentro muy dentro.

Dame tu amor, mi niña, música de mi verso,
temblor de mis caricias, afán de mis anhelos,
¡oh piel suave y tersa, fuego encendiendo fuego,
agua que mana y corre nacida en el deshielo
allí donde las cumbres la beben de tu cielo!

¡Oh bosques y laderas, abrigo fiel de nuestro
amor arrebatado, pero callado y quieto,
halcón agazapado sin emprender el vuelo,
oh cazador cazado, cautivo ya del suelo!

Duerme ya, dulce niña, mi gitanilla, duerme,
entre mis brazos sueña, entre mis brazos siempre,
de azul pintado el techo, de flores, la pradera
de nuestra cama, verde, como la quiero, verde,
sintiendo como late tu corazón ausente,
viendo como respira tu pecho suavemente,
tu piel suave y tersa, tu perfil inocente,
y cuerpo contra cuerpo… así te quiero. Vente,
mi gitanilla, vente donde todo florece,
donde el amor se cela, donde la luna duerme…

Vente, amor que te quiero sin saber cómo escriba
que te quiero y te amo mucho más que a mi vida.


Jordi Enjuanes-Mas


Pintura de Montserrat Gudiol